Opinión de
Diego Varela
HABLEMOS DE SEGURIDAD… Y ALGO MÁS | PREVENCIÓN SITUACIONAL
“El delito es, en gran medida, el resultado de oportunidades. Reducir esas oportunidades es una de las formas más eficaces de prevención” — Ronald V. Clarke
Un tema que nos debe ocupar de manera permanente es, sin duda, la prevención del delito y la violencia, tanto desde el plano individual como desde las propias instituciones encargadas que, por plexo normativo, deben hacerlo. En ese sentido, existen diversas estrategias o modelos de prevención del delito, mismos que tienen como objetivo reducir la delincuencia y la violencia.
En este escrito nos basaremos en uno de esos modelos: la prevención situacional, la cual se centra en reducir las oportunidades inmediatas para cometer delitos y busca disminuir los daños causados por las conductas antisociales mediante la alteración de factores inmediatos o situacionales en entornos donde se puede precipitar un delito, una conducta antisocial o alguna manifestación de violencia.
La idea de la prevención situacional surgió en Londres en 1976, cuando el británico Kenneth Harry Clarke, entonces director del Home Office, comprobó que el número de suicidios descendió al cambiar el suministro de gas butano a gas natural. En la misma década de los años setenta, Jeffery Newman, criminólogo de la Universidad Estatal de Florida, llegó a conclusiones similares al estudiar la prevención criminal a través de la modificación del ambiente físico.
Dicho autor, en su obra Espacio defendible: prevención del delito a través del espacio urbano (1972), abrió un amplio debate sobre los delitos relacionados con la forma física de la vivienda, basado en el análisis de datos de la ciudad de Nueva York.
Este modelo plantea la necesidad de un diseño ambiental que no solo disuada el delito, sino que también promueva la seguridad y el bienestar de la comunidad. En este sentido y, a manera de ejemplo, es algo que se realiza en varios municipios de nuestro país, en particular en Guadalupe, Zacatecas, donde, a través de la modificación de espacios baldíos o en abandono, la administración los ha convertido en espacios de encuentro social, como canchas deportivas y áreas de sano esparcimiento.
Estos se convierten en importantes puntos de convivencia social, para lo cual, evidentemente, la sociedad también debe cuidar y apropiarse de dichos espacios públicos, evitando que sean presa del vandalismo o que propicien conductas antisociales, delictivas o manifestaciones de violencia. Esta es, en gran medida, parte de la actuación y responsabilidad de la ciudadanía.
Los temas sobre criminología son bastante amplios, y el que nos ocupa hoy no es la excepción. En el presente texto abordamos los puntos nodales, como los componentes de la prevención situacional del delito, que son cuatro:
El primero es el fundamento teórico, es decir, las teorías que respaldan este modelo, como la actividad rutinaria, la decisión racional, el desplazamiento, la oportunidad y las ventanas rotas.
El segundo componente es la metodología estándar, basada en el paradigma de investigación de las acciones; es decir, investigar para cambiar la práctica. En pocas palabras, realizar un diagnóstico que permita evaluar la situación.
El tercer componente consiste en un conjunto de técnicas de reducción de oportunidades.
El cuarto componente es un cuerpo de prácticas evaluadas, incluyendo estudios de desplazamiento o movilidad.
De acuerdo con lo anterior, puede parecer que existe cierto tecnicismo; sin embargo, en términos más claros, la prevención situacional se basa en modificar las condiciones de nuestro entorno con la finalidad de disminuir posibles conductas antisociales, delictivas y cualquier manifestación de violencia.
A manera de ejemplos básicos, en una vivienda se deben observar las condiciones estructurales que representan puntos vulnerables por donde alguna persona podría ingresar. Para aumentar la percepción de seguridad, se pueden instalar alarmas, cierres perimetrales como alambres de púas, controles de acceso, cámaras, entre otros. Asimismo, las condiciones de convivencia e interrelación entre vecinos juegan un papel fundamental.
De igual forma, en el caso de los vehículos estacionados en la vía pública, se deben considerar medidas preventivas como no dejar objetos de valor en su interior, así como el uso de alarmas, bastones de seguridad, cortacorrientes, entre otros.
*Amante de la música, la lectura y el deporte
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