HASTA SIEMPRE, MAESTRO
Hay personas que no necesitan levantar la voz para enseñar. Basta con sentarse junto a ellas unos minutos para salir aprendiendo algo nuevo. Así era DON ENRIQUE SALINAS. Quienes tuvimos la fortuna de compartir antiguas redacciones con él sabemos que no sólo corregía textos; también formaba periodistas. A esta comadre le tocó aprender de su paciencia, de su manera tranquila de conversar y de ese cariño con el que orientaba sin hacer sentir menos a nadie. Siempre encontraba tiempo para una charla sobre literatura, historia o cultura zacatecana, y uno terminaba saliendo con más preguntas que respuestas, porque ese era su verdadero talento: despertar la curiosidad. Su trabajo dejó huella en muchas generaciones y ayudó a construir el amor por la cultura de este estado. Hoy las redacciones se sienten un poco más silenciosas, pero también más agradecidas por haber coincidido con un hombre bueno. Como dice el dicho, nadie muere mientras siga siendo recordado. Un abrazo hasta el cielo, maestro. Gracias por tanto.