Opinión de
Susana Sánchez
La Familia | Formar la afectividad
La Familia | Formar la afectividad
“Como los pies llevan al cuerpo, así los afectos llevan al alma”
Santa Catalina de Siena
Susana Sánchez*
La afectividad, muy de moda en estos tiempos, es ese conjunto de sentimientos, emociones, motivaciones, actitudes y principios de los que están llenos los actos humanos. La educación de la afectividad es una herramienta primordial en el desarrollo que impulsa a la persona para que tenga la capacidad de conocer, expresar y gestionar todos sus procesos emocionales, dirigiéndolos hacia la realización integral de su propia vida y de su propio proyecto.
Todo ser humano tiene inteligencia para pensar y razonar, tiene voluntad, que es la decisión de hacer las cosas y buscar elegir siempre lo mejor, tiene dignidad que lo hace un ser único e irrepetible y tiene afectividad, que son los sentimientos e impulsos que son deseos naturales.
Estos últimos, los sentimientos y los deseos, para que nos lleven a un adecuado desarrollo deben estar enmarcados por la razón y controlados por la voluntad, de tal modo que no sean nuestros impulsos quienes nos gobiernen, sino que inteligencia, voluntad y afectividad hagan un perfecto equipo a la hora de actuar.
Y, a la hora de educar, o más bien de ayudar a formar la personalidad y el carácter de nuestros hijos debemos generar en ellos la capacidad de conocer, expresar y hacerse cargo de sus propios procesos emocionales y encauzarlos para que ellos mismos se puedan gobernar y lograr una inteligencia afectiva en todas sus dimensiones.
Para construir una sana afectividad nos tenemos que remitir a los vínculos afectivos, en este caso familiares, es decir a esa relación de amor y cariño que se establece entre las personas de un mismo núcleo familiar. Es importante destacar, por medio del lenguaje verbal, gestual y corporal las demostraciones de cariño, la comunicación asertiva, los sentimientos y los afectos, a fin de proporcionar a los de casa indicadores significativos de valoración y de identificación.
Lo anterior nos traerá como resultado una mayor responsabilidad afectiva donde todos podamos ser capaces de expresar correctamente sentimientos y emociones, donde podamos hablar de deseos, de intenciones y de generar empatía y vínculos sanos con los que más queremos.
La inteligencia afectiva o emocional supone un adecuado conocimiento de uno mismo y una dosis suficiente de sensibilidad frente a los otros para ser capaces de reaccionar correctamente en todos nuestros vínculos.
El desarrollo de la afectividad es una condición sine qua non para poder alcanzar una madurez emocional adecuada a la edad y etapa de vida de cada uno de los miembros de la familia. Esta madurez afectiva implica la integración armónica de todos los componentes de la personalidad, lo cual se reflejará en un bienestar emocional propio y de los que nos rodean.
No todo es inteligencia, no todo es voluntarismo, pero tampoco todo es afectividad, el conjunto y la buena disposición que se tenga para trabajar en conjunto estas tres dimensiones nos darán como resultado una mayor felicidad y una plenitud personal.
*Maestra en Educación Familiar
*Las opiniones plasmadas en las colaboraciones son responsabilidad de cada autor, así como su estilo de escritura. Ecodiario Zacatecas sólo es una plataforma digital para darlas a conocer a sus lectores.
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