Prevención embarazo temprano
Susana Sánchez Opinión de Susana Sánchez

LA FAMILIA | VOLVER A MIRAR AL PADRE

Durante décadas, la discusión pública sobre los hombres ha oscilado entre dos extremos: la idealización acrítica del modelo tradicional o el rechazo total de la masculinidad.

"Padres presentes hacen hijos felices"

Cada junio celebramos el Día del Padre. Este domingo, más allá de los regalos o las reuniones familiares, esta fecha ofrece una oportunidad para reflexionar sobre una pregunta de fondo: ¿qué significa ser padre hoy? Y, más aún, ¿por qué es importante rescatar una masculinidad sana que nada tiene que ver con el machismo?

Durante décadas, la discusión pública sobre los hombres ha oscilado entre dos extremos: la idealización acrítica del modelo tradicional o el rechazo total de la masculinidad. Sin embargo, ambos caminos son insuficientes. La sociedad no necesita menos hombres; necesita mejores hombres. Hombres capaces de amar, servir, proteger y educar.

El machismo y la masculinidad no son sinónimos. El machismo se expresa en el dominio, la violencia o la creencia de superioridad sobre la mujer. La verdadera masculinidad, en cambio, se construye sobre la responsabilidad, la fortaleza puesta al servicio de otros y la capacidad de entrega. Como escribió el psicólogo canadiense Jordan Peterson: “La verdadera fortaleza implica asumir responsabilidad”. Más allá de las controversias que rodean a cualquier figura pública, esta idea encuentra eco en múltiples investigaciones sobre el desarrollo humano.

El sociólogo David Popenoe, de la Universidad Rutgers, afirmó que los padres aportan una contribución única e irremplazable al desarrollo de los hijos. Numerosos estudios muestran que la presencia afectiva y comprometida del padre se asocia con mejores resultados académicos, menor incidencia de conductas de riesgo y mayor estabilidad emocional.

Pero conviene subrayarlo: la importancia del padre no radica únicamente en proveer económicamente. Los hijos necesitan presencia antes que perfección. Necesitan un hombre que escuche, juegue, corrija con justicia y enseñe, con el ejemplo, cómo enfrentar la vida. La paternidad no se ejerce desde la autoridad desnuda, sino desde la cercanía.

El psiquiatra austríaco Viktor Frankl sostenía que el ser humano encuentra plenitud en la entrega y el sentido. Quizá ahí se encuentre también el corazón de la paternidad: descubrir que la grandeza no está en el poder sobre otros, sino en el servicio a otros.

En tiempos de incertidumbre cultural, rescatar la masculinidad significa recuperar virtudes que nunca pasan de moda: la valentía, la templanza, la fidelidad y la responsabilidad. No se trata de volver al pasado ni de restaurar privilegios, sino de formar hombres capaces de construir hogares estables y comunidades más humanas.

Este Día del Padre vale la pena agradecer a quienes han sabido ejercer esa misión silenciosa y exigente. Y también recordar que una sociedad fuerte no se edifica enfrentando a hombres y mujeres, sino ayudándolos a desplegar lo mejor de sí mismos. Porque cuando un padre está presente —con amor, carácter y entrega— no sólo cambia la vida de sus hijos: contribuye a cambiar el futuro de toda la sociedad.

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