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Claudia Soto Opinión de Claudia Soto

CIENCIA PARA LLEVAR | “LADY CROQUIS”: EL DOCENTE BAJO SOSPECHA ETERNA EN UNA SOCIEDAD LÍQUIDA

📚 "El croquis más urgente es el de las diversas responsabilidades como padres, autoridades, sindicatos. 🛡️ El maestro necesita saber a dónde acudir cuando está en riesgo y quién responderá cuando solicite ayuda. 👨‍🏫 Ningún docente debería entrar al aula preguntándose si ese día tendrá que enseñar o defender su dignidad por una sola acción que sea mal entendida".

Un croquis sirve para orientarnos. En el caso que las redes bautizaron como “Lady Croquis”, también puede ayudarnos a reconocer dónde se está perdiendo la relación entre escuela, familias y sociedad.

Según reportes periodísticos, el conflicto se hizo público el 7 de octubre en la primaria Luis Donaldo Colosio, en Martínez de la Torre, Veracruz. Madres y padres cuestionaron a un maestro suplente de sexto grado por solicitar un croquis del recorrido entre la casa y la escuela. La controversia incluyó señalamientos de presuntas conductas inapropiadas hacia alumnas y una denuncia ante la Fiscalía. El docente rechazó las acusaciones.

La elaboración e interpretación de croquis aparece en materiales oficiales de la Secretaría de Educación Pública. Es una herramienta para aprender referencias espaciales, describir trayectos y representar el entorno. Pedir un croquis no demuestra, por sí mismo, una intención de acoso. Su pertinencia puede revisarse, incluido el cuidado de la información personal, sin convertir automáticamente una decisión didáctica en evidencia de culpabilidad.

El problema social que merece atención es lo que ocurre cuando desaparece esa distinción. Una tarea se interpreta como amenaza; una explicación se escucha como excusa; un fragmento de video adquiere el peso de un expediente completo.

El daño de esa exposición rebasa el momento de la confrontación pues también se pone sobre la mesa en la reputación, en la relación con el grupo, en la tranquilidad de la familia y en la posibilidad de continuar trabajando. Aunque después se aclaren los hechos, la sospecha puede permanecer en búsquedas, capturas de pantalla y conversaciones.

La protección de la infancia pierde fuerza cuando depende del escándalo. La protección docente también se debilita cuando la única respuesta disponible es pedir al maestro que aguante, evite problemas o espere a que pase la polémica.

Hay un efecto menos visible que debemos examinar y es que el miedo modifica la enseñanza. Cuando un profesor teme que cualquier intervención pueda convertirse en una acusación sin respaldo institucional, puede comenzar a reducir su participación. Evita abordar temas sensibles, intervenir en conflictos o desarrollar actividades que impliquen conocer el entorno de sus estudiantes. Esa retirada tiene un costo educativo porque la escuela necesita adultos presentes, capaces de orientar y actuar.

En este caso, el sobrenombre “Lady Croquis” añadió otra capa de violencia. El debate se desplazó hacia la burla contra una madre, creación de memes o videos graciosos, pero no una reflexión sobre lo que está pasando en las familias, la salud mental de la sociedad, los espectáculos que día a día vemos por temas que pueden caer en lo absurdo en una sociedad líquida que relativiza todo.  Ese camino tampoco protege al magisterio porque ridiculizar a quien denuncia puede desalentar reportes legítimos; condenar al docente en redes puede destruir una trayectoria sin investigación. Una sociedad madura necesita resistir ambas formas de castigo público. Cuestionamos a un gobierno que no reflexiona ni actúa con conciencia, pero cuando surgen casos como este, compartimos videos y memes sin detenernos a verificar qué ocurrió ni a pensar en las personas expuestas. Así contribuimos a la misma falta de reflexión que criticamos, pues privilegiamos la risa inmediata sobre la comprensión y convertimos un conflicto que exige responsabilidad en entretenimiento. Una sociedad más justa se construye también con lo que decidimos compartir y con las preguntas que hacemos antes de juzgar.

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También corresponde revisar el papel de las autoridades escolares. Ante un conflicto, la dirección debe asumir la conducción institucional como registrar los hechos, activar la ruta correspondiente, cuidar la confidencialidad y facilitar la intervención de las instancias competentes. Las decisiones de protección deben estar fundamentadas y distinguirse de las sanciones. El docente no tendría que negociar su seguridad, privacidad ni exposición en medios o su reputación en una confrontación  videograbada improvisada.

La  protección del magisterio debe traducirse en asesoría jurídica accesible e inmediata, acompañamiento psicológico, procedimientos claros frente a amenazas y hostigamiento, y comunicación institucional que evite filtraciones y señalamientos prematuros que expongan su identidad. También necesitamos seguimiento de los casos y mecanismos para corregir daños cuando una acusación no se acredita.

Los sindicatos y las autoridades educativas deben sostener ese acompañamiento desde el inicio. Esperar a que una agresión se vuelva viral deja la protección a merced de la atención pública. El derecho a trabajar con dignidad no puede depender del número de veces que se comparte un video.

A las familias nos corresponde reconocer al docente como un profesional con quién podemos dialogar, cuestionar y construir acuerdos. La inconformidad necesita vías de atención efectivas y dignas que cosechen en nuestros hijos una cultura de paz y resolución de conflictos pacífica.

El croquis más urgente es el de las diversas responsabilidades como padres, autoridades, sindicatos El maestro necesita saber a dónde acudir cuando está en riesgo y quién responderá cuando solicite ayuda. Ningún docente debería entrar al aula preguntándose si ese día tendrá que enseñar o defender su dignidad  por una sola acción que sea mal entendida. 


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