Opinión de
Issac Félix
PALABRA VIVA | CUANDO LA IMPACIENCIA NOS HACE ACTUAR SIN DIOS
Eso fue exactamente lo que ocurrió con Saúl en Primera de Samuel, capítulo 13.
“Esperar no siempre es sencillo, pero querer controlar el proceso puede truncar la bendición que ya estaba preparada”
Generalmente vivimos acostumbrados a la inmediatez, queremos respuestas rápidas, soluciones instantáneas y resultados visibles, pero muchas veces, cuando Dios guarda silencio o la respuesta tarda en llegar, el corazón humano comienza a desesperarse.
Eso fue exactamente lo que ocurrió con Saúl en Primera de Samuel, capítulo 13. Israel se encontraba bajo una fuerte amenaza militar de los filisteos, el ejército enemigo era numeroso, la tensión aumentaba y el pueblo comenzaba a llenarse de temor, al punto que muchos soldados se dispersaban y se escondían.
En medio de esa presión, Dios le había dado a Saúl una instrucción clara por medio del profeta Samuel: “debía esperar su llegada”. Pero al ver que Samuel tardaba, que sus hombres lo abandonaban y que la situación parecía empeorar, Saúl decidió tomar el control por su cuenta y ofrecer el sacrificio que no le correspondía.
El problema no fue solamente el sacrificio, sino la desobediencia y la falta de confianza en el tiempo de Dios, Samuel le declaró entonces una de las consecuencias más fuertes de su decisión: “Locamente has hecho; no guardaste el mandamiento de Dios, pues ahora Dios hubiera confirmado tu reino sobre Israel para siempre. Mas ahora tu reino no será duradero” así lo señala Primera de Samuel, capítulo 13, versículos 13 y 14.
La impaciencia de Saúl no fue un error pequeño, esa acción marcó el inicio de su caída espiritual y provocó que Dios determinara quitarle la permanencia del reino, así se lo hizo saber por medio del profeta Samuel en el capítulo 13, versículo 14 de su libro: “Dios se ha buscado un varón conforme a su corazón”. Más adelante, Dios levantaría a David como rey de Israel, un hombre imperfecto, pero dispuesto a arrepentirse y a buscar el corazón de Dios.
Cuántas veces nosotros también hacemos lo mismo, oramos, esperamos un tiempo, pero cuando las cosas no cambian rápido, tomamos decisiones apresuradas, buscamos soluciones fuera de la voluntad de Dios o dejamos que el miedo dirija nuestras acciones.
La impaciencia muchas veces revela una lucha interna entre la fe y el control, queremos adelantarnos al proceso y resolver aquello que todavía está en manos de Dios. Pero la Biblia enseña que esperar también es parte de la obediencia, Dios no solamente trabaja en la respuesta que pedimos, también trabaja en nuestro carácter mientras esperamos.
Tal vez hoy muchos estamos atravesando un tiempo de espera, una oración sin respuesta, una puerta cerrada o una situación que parece no cambiar. Sin embargo, confiar en Dios también significa creer que Su tiempo sigue siendo perfecto aun cuando no lo entendemos.
Porque hay momentos donde el mayor acto de fe no es actuar impulsivamente, sino permanecer obedientes mientras Dios obra en silencio.
Dios bendiga tu vida…nos leemos en 15 días.
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