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Issac Félix Opinión de Issac Félix

PALABRA VIVA | ¿DÓNDE ESTÁ PUESTA NUESTRA MIRADA?

En medio de ese escenario, esta semana, necesitamos preguntarnos profundamente, ¿en qué estamos enfocando realmente nuestra mirada?



"Jesús no dejó puntos medios, la forma en que enfocamos nuestros ojos determina si hay luz o tinieblas en nuestra vida”.






Vivimos en un tiempo donde, casi sin darnos cuenta, nuestra mirada se ha acostumbrado a enfocarse en lo negativo, problemas, crisis, frustraciones y todo aquello que parece salir mal. En medio de ese escenario, esta semana, necesitamos preguntarnos profundamente, ¿en qué estamos enfocando realmente nuestra mirada?

Jesús lo explicó con claridad en Mateo 6:22-23, “La lámpara del cuerpo es el ojo; así que, si tu ojo es bueno, todo tu cuerpo estará lleno de luz; pero si tu ojo es maligno, todo tu cuerpo estará en tinieblas. Así que, si la luz que hay en ti es tinieblas, ¡cuán grandes son esas tinieblas!

Nuestros ojos no solo ven, también nos dirigen, es decir lo que decidimos mirar termina guiando nuestras decisiones, nuestros pensamientos y, finalmente, nuestro corazón. Cristo nos presenta dos opciones: un “ojo bueno” o un “ojo maligno”. No hay punto medio. Es una línea clara entre enfocar nuestra vida en lo eterno o en lo pasajero.

Un “ojo bueno” es una mirada puesta en Cristo, es decidir enfocar nuestra atención en lo que edifica, en lo que permanece, en lo que viene de Dios, cuando vivimos de esa manera, nuestra vida comienza a llenarse de luz, hay paz en medio del caos, dirección en medio de la incertidumbre y propósito aun en las temporadas difíciles.

Pero esa luz no llega por casualidad, se cultiva, se construye cuando escudriñamos la Palabra de Dios diariamente y, sobre todo, cuando la llevamos a la práctica, es ahí donde nuestra vida se afirma, donde echamos raíces profundas que nos sostienen cuando llegan las pruebas, las aflicciones o las disciplinas.

No se trata solo de lo que Dios puede dar, sino de la dirección que elegimos tomar.

Ejemplos como el de Daniel y sus amigos, Misael, Azarías y Ananías, nos muestran lo que significa tener un “ojo bueno” en medio de un entorno adverso, vivieron en Babilonia, rodeados de prácticas contrarias a Dios, pero decidieron no contaminarse, no desviaron su mirada, aun cuando eso los llevó al horno de fuego o al foso de los leones, su confianza no estaba en las circunstancias, sino en lo que Dios podía hacer.

En contraste, el “ojo maligno” representa una vida desenfocada, una mirada llena de codicia, envidia, orgullo, distracciones y autosuficiencia, es vivir centrados en lo que ofrece el mundo, permitiendo que, poco a poco, el corazón se oscurezca sin siquiera notarlo.

Hoy la invitación es clara y personal, ¿dónde está puesta nuestra mirada? ¿En lo bueno o en lo maligno? ¿En Cristo o en lo pasajero? ¿O vivimos cambiando de enfoque según las circunstancias?

Es tiempo de pedirle a Jesucristo que limpie nuestra mirada, que nos ayude a enfocarnos en lo puro, lo verdadero y lo eterno, que examine nuestro corazón y nos vuelva a dirigir hacia Él, porque al final, no se trata solo de lo que vemos, sino de lo que decidimos mirar cada día, pues esa decisión, más que cualquier otra cosa, define en quién nos estamos convirtiendo.

Dios bendiga tu vida, nos leemos en 15 días…

Citas bíblicas.

Mateo 6:22-23, Deuteronomio 28:1-14 (bendiciones por la obediencia), Deuteronomio 28:15-68 (consecuencias de la desobediencia), Daniel 1:8, Daniel 3:16-28 (Misael, Azarías y Ananías en el horno de fuego), Daniel 6:16-23 (Daniel en el foso de los leones), Filipenses 2:13, Juan 16:33, Lucas 11:34 (pasaje paralelo sobre el ojo como lámpara del cuerpo)


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