Opinión de
José Ortega Ramírez
Pasión por el deporte | Deporte y entusiasmo
Pasión por el deporte | Deporte y entusiasmo
“El deporte entusiasma porque a través de él se desarrolla la cultura del encuentro y nos hace experimentar, con gran intensidad, el maravilloso milagro de estar vivos”
José Ortega Ramírez*
El entusiasmo es un estado de ánimo lleno de intensidad, alegría y excitación. Existe una hormona que produce nuestro cuerpo de manera natural y que se encarga de elevar los niveles de alegría y entusiasmo. Se llama endorfina y una de las maneras de estimular su producción de manera natural es realizando ejercicio físico. Hacer deporte ayuda a sentirse más alegre y lleno de energía, mejora nuestro estado de ánimo y contribuye a alejar los pensamientos negativos.
Somos energía y, como tales, cuanta más energía creamos, más energía tendremos. Es equivocado pensar que cuanto más descansemos más energía ahorraremos y más tendremos después. Esta especie de ahorro de energía es peligrosa por varios motivos; uno, porque nuestra energía no se almacena. Si uno la usa, fluye, y si no se usa, se pierde. Esta energía es nuclear y se genera por una reacción en cadena. Es decir, cuanta más energía utilicemos en hacer las cosas, más energía generamos.
Aquí entra de lleno el deporte, ya que su esencia es el movimiento. Por ello el deporte es una fuente inagotable de energía. Esta puede ser positiva o negativa. Está demostrado a través de muchos estudios que el ejercicio físico canaliza esta energía, y convierte la negativa en positiva.
El resultado de todo este proceso es que el deporte es una fuente inagotable para el ser humano de crear energía positiva y, con ello, de entusiasmo, de alegría y de ilusión.
Para liderar o pertenecer a cualquier proyecto, ya sea una organización o un equipo deportivo de adolescentes o de profesionales, es fundamental el entusiasmo. A la hora de comenzar una competencia es importante sentir entusiasmo. Este es un estado de ánimo positivo que inunda al deportista en su totalidad y que se expresa a través de su actuar, de su hablar y de su lenguaje corporal. Se irradia de un modo espontáneo, de tal modo que fácilmente se detecta si está o no entusiasmado por algo.
Cuando un deportista vive entusiasmado, siente que tiene capacidad para enfrentarse a las eventuales contrariedades que hallará en la ejecución de su proyecto, porque se siente impulsado por una fuerza interior que lo mueve hacia delante. En este sentido, el entusiasmo da vigor al deportista. Ésta no necesita un impulso exterior, alguna motivación exógena para ponerlo en movimiento. Le sale de dentro, fluye de su ser y no se amedrenta cuando vienen las dificultades.
Después del entusiasmo, acostumbra a llegar la decepción. En la vida deportiva, como en la vida en general, estos dos estados de ánimo opuestos se dan con mucha frecuencia. De hecho, sólo puede decepcionarse quien se ha entusiasmado. Mantener el entusiasmo a lo largo del tiempo no es fácil, porque la novedad de la actividad desaparece y fácilmente advienen la rutina, la monotonía y la repetición de lo mismo. Sin embargo, cuando un deportista está verdaderamente apasionado por el deporte que práctica, se reinventa todos los días, encuentra pretextos para activarse de nuevo y no dejarse decepcionar con facilidad.
El deportista debe irradiar entusiasmo en su entorno, pero sólo podrá hacerlo si realmente siente pasión por lo que tiene entre manos, si está apasionado por el deporte. Esta fuerza motriz interior que es el entusiasmo no es pura ni gratuita. Existen unas razones que explican tal estado de alegría y de convicción, pero muy frecuentemente ni siquiera el deportista es capaz de explicarlas.
En el deporte, el entusiasmo es un factor clave, que no solo actúa al principio, cuando se inicia en una nueva disciplina deportiva, sino que, muy frecuentemente, crece a medida que se cultiva, porque se goza más, porque se domina más, porque descubre un universo de posibilidades que lo hacen sentir más vivo.
Este es el factor decisivo. El deporte entusiasma porque a través de él se desarrolla la cultura del encuentro y nos hace experimentar, con gran intensidad, el maravilloso milagro de estar vivos.
Texto tomado del libro la esencia del deporte
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