Opinión de
Erika Macedo
COMUNICAR Y CONECTAR | CUANDO EL NO MENTIR, NO ROBAR Y NO TRAICIONAR SE QUEDA EN EL DISCURSO EN ZACATECAS
Más que un eslogan, se presentó como una declaración de principios destinada a recuperar la confianza ciudadana y marcar una diferencia con las viejas prácticas del poder.
Durante años, la política mexicana encontró en la frase “No mentir, no robar y no traicionar al pueblo” una poderosa bandera moral. Más que un eslogan, se presentó como una declaración de principios destinada a recuperar la confianza ciudadana y marcar una diferencia con las viejas prácticas del poder. Sin embargo, en Zacatecas, como en muchas regiones del país, la realidad cotidiana parece haber rebasado la fuerza de aquellas palabras.
Los discursos son importantes porque orientan el rumbo de los gobiernos, pero las sociedades no viven de promesas ni de consignas. Viven de resultados. Y cuando la distancia entre el mensaje y los hechos se vuelve demasiado amplia, la credibilidad comienza a erosionarse como una presa que poco a poco pierde su capacidad para contener la corriente.
Hoy Zacatecas enfrenta desafíos que preocupan profundamente a sus habitantes. La inseguridad sigue siendo uno de los principales reclamos ciudadanos. Las familias desean recuperar la tranquilidad de caminar por sus calles, emprender negocios, viajar entre municipios o simplemente vivir sin miedo. A ello se suman problemas económicos, falta de oportunidades para los jóvenes, rezagos en infraestructura y una creciente percepción de que muchas decisiones gubernamentales se toman lejos de las necesidades reales de la población.
No se trata únicamente de señalar errores o responsabilidades. Se trata de reconocer que los principios éticos, por sí solos, no transforman una realidad compleja. Son el punto de partida, no la meta. Un gobierno puede repetir una frase cientos de veces, pero si la ciudadanía no percibe cambios tangibles en su calidad de vida, las palabras terminan perdiendo fuerza.
La política es como un puente: no basta con diseñarlo y anunciarlo; debe ser capaz de sostener el peso de quienes lo cruzan. Cuando las expectativas generadas son mayores que los resultados obtenidos, surge la frustración social. Y esa frustración se convierte en desconfianza, apatía y desencanto.
Zacatecas necesita algo más que discursos inspiradores. Necesita gobiernos capaces de traducir principios en acciones concretas, transparencia en los procesos públicos, rendición de cuentas permanente y políticas que generen bienestar medible para las familias. Los ciudadanos merecen respuestas, no solamente narrativas.
La historia demuestra que los pueblos son pacientes, pero no indiferentes. Escuchan, observan y evalúan. Al final, el juicio más importante no se emite en una conferencia ni en una campaña política; se construye todos los días en la experiencia de quienes viven la realidad.
Porque cuando la realidad contradice al discurso, son los hechos los que terminan escribiendo la última palabra.
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