Opinión de
Diego Varela
Hablemos de seguridad… y algo más | Escuelas libres de violencia
Hablemos de seguridad… y algo más | Escuelas libres de violencia
“...las escuelas son los espacios en los que se transmiten conocimientos y valores que forman parte de programas educativos institucionalizados…”
Diego Varela de León*
Sin duda el tema de la educación reviste una importancia de trascendencia en la vida social de nuestra nación, estados, municipios y por supuesto nuestras comunidades, pues es la escuela donde las niñas, niños y adolescentes acuden para adquirir conocimientos y desarrollar competencias, amén de reforzar la educación que reciben en casa mediante los valores éticos, morales y cívicos, de tal suerte que la escuela se convierte en un espacio propicio para adquirir habilidades sociales positivas.
Igualmente aceptamos que las escuelas son los espacios en los que se transmiten conocimientos y valores que forman parte de programas educativos institucionalizados. Son puntos de encuentro social cotidianos en los que la población estudiantil establece relaciones de amistad, confianza, compañerismo, y cohesión social, y ya en niveles de secundaria, preparatoria y universidad hasta de noviazgo que pueden influir en la construcción de identidad y en el desarrollo de habilidades sociales. De lo anteriormente asentado dilucidamos que de acuerdo con el contenido del trabajo educativo que en las aulas se realiza y los tipos de relaciones que en ese espacio se generan, entonces pues podríamos aseverar que allí se construye una idea de mundo, de sociedad, de persona y de relaciones que entran a formar parte de las maneras de ser e interactuar de los individuos, las cuales prefiguran la construcción sociocultural de la sociedad presente y futura.
Aunque también es en las escuelas donde se reproducen distintos tipos de violencia, pues en algunos estudios realizados por diferentes instituciones, resalta que en los últimos años se ha mostrado que las relaciones que suceden en los centros escolares, en no pocas ocasiones están permeadas por dinámicas violentas. Dichas investigaciones e intervenciones se han focalizado en el bullying o violencia entre pares y se ha identificado que éste es un problema frecuente en nuestro país, pues buen número de estudiantes en los distintos niveles desde preescolar, pasando por la primaria, secundaria, nivel medio superior y superior, han manifestado haber experimentado violencia dentro de las escuelas, según los diferentes estudios tales como la Encuesta Nacional sobre Exclusión, Intolerancia y Violencia en Escuelas y en ellas nos arrojan resultados no tan halagüeños, mismos que se deben de atender de manera inmediata y de forma permanente mediante programas de prevención integrales de acuerdo a las necesidades y características de cada institución educativa, donde se involucren y participen los docentes, padres de familia y las propias instituciones encargadas de la prevención.
Y para ello en los senos de las escuelas se deben impulsar acciones para que el personal docente adquiera herramientas y habilidades para mediar conflictos escolares e identificar a estudiantes en situación de violencia, lo que permitiría que las y los docentes sean agentes capaces de brindar protección y ayuda a niñas, niños y adolescentes que estén experimentando violencia, obviamente lo anterior tendrá que ser de la mano de especialistas en cada disciplina, como Psicólogos, Sociólogos, Trabajadores Sociales, Abogados, Criminólogos, y Médicos de las instituciones de prevención. Lo anterior es tan posible porque además del hogar, las escuelas son un espacio en el que se puede observar cotidianamente a los estudiantes, igualmente las escuelas legitiman a las o los docentes como una figura con capacidad de influir en el estudiantado. Esta capacidad de influir en los otros, puede observarse como un poder que el docente ejerce, pues legitimado social e institucionalmente, prefigura y establece no sólo la relación entre maestro-alumno sino la identidad de ambos y obviamente la pinza que deberá cerrar el broche serán los padres de familia y las instituciones de prevención.
Sin duda las escuelas deberán seguir siendo un factor más de protección para las niñas, niños y adolescentes de acuerdo a la esencia más pura de la educación, pues es ahí y en conjunto con el seno familiar donde se deberán afianzar y promover los valores morales, éticos y cívicos, además del respeto entre pares, mismos que favorecen el proceso de aprendizaje y el desarrollo de habilidades sociales óptimas para tejer relaciones adecuadas y libres de violencia, pues la población estudiantil está formando su personalidad y adquiriendo herramientas para relacionarse de manera adecuada en los diferentes grupos sociales a los que pertenece y a su vez a la integridad de la sociedad.
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