Opinión de
Susana Sánchez
La Familia | Sin chantajes por favor
La Familia | Sin chantajes por favor
“Ten cuidado con los chantajistas emocionales que quieren hacerte sentir culpable por lo que ellos mismos han hecho con su vida”
Susana Sánchez*
En la dinámica familiar no siempre tenemos comportamientos sanos que abonen a la relación familiar, uno de ellos es el chantaje, que no es sino una forma de violencia psicológica muy utilizada en el nombre del bien de la persona y que en realidad solo ocasiona daño.
Un chantaje, del francés “chantage” es la amenaza de difamación pública o daño semejante para obtener algún provecho de alguien o para obligarlo a actuar de una determinada manera. Consiste en utilizar los sentimientos como arma para conseguir que los demás sucumban a las exigencias, ideas o proyectos de uno mismo. Se considera un tipo de maltrato psicológico y es una práctica muy común en el entorno familiar.
Es, además, una forma de control que implica violencia, quien lo practica suele ser una persona cercana cuya opinión nos importa o con quien tenemos lazos emocionales fuertes.
Suele esconderse detrás de motivos aparentemente nobles y aludiendo al bien de la persona, aunque en realidad, tratan de convencer por medio de sentimientos de culpa o miedo, lo cual utilizan para que la persona ceda a la voluntad del manipulador y este pueda controlar el comportamiento sin dar oportunidad a elegir.
No todos los chantajes son iguales ni tienen el mismo objetivo, pero todos buscan la manipulación de la persona, desde un nivel casi inofensivo hasta aquellos que provocan daños profundos a nivel psicológico. De hecho, cuando la manipulación se da en el transcurso de los años puede provocar profundas heridas emocionales en la persona que la sufre.
Para poder detectar el chantaje en la familia, y en cualquier relación, debemos reconocer los actos de las personas chantajistas, algunos de ellos son: una exigencia desmesurada que va en contra de nuestras necesidades o deseos, oponen gran resistencia sin dar su brazo a torcer ni reconocer sus errores, tergiversan las palabras sin asumir su responsabilidad, amenazan continuamente de manera sutil o exagerada, subestiman los problemas de los demás, saben cuáles son nuestros puntos débiles y los tocan frecuentemente, actúan con prepotencia y rigidez, queriendo tener siempre la razón y cambian de humor con facilidad culpándonos de su estado de ánimo.
También es importante ubicar los diferentes tipos de chantaje, ya que no todos son iguales ni tienen la misma intención.
El chantajista puede ejercer una presión para limitar la libertad de decisión por su “propio bien”, adoptando una postura radical ya que, si no se acata la orden, se tendrán consecuencias.
Otro tipo muy común es el de sembrar la semilla de la culpa, haciendo sentir a la persona que es mala si no la obedece y le echa en cara todo lo que ha hecho por él, convirtiéndose en una pobre víctima.
También está el chantaje en el que el chantajista asume el control fingiendo que depende de la otra persona, lo cual provoca sentimientos de culpa y alude al sentido de la responsabilidad derivado de la relación personal.
Existe la técnica de chantaje que consiste en confundir y criticar, minando la autoconfianza y la autoestima de la persona para que esta se sienta débil, dude de sus capacidades y dependa del manipulador.
Por último, tenemos la manipulación que premia a la persona si esta accede a sus deseos, haciendo dudar a la persona de sus decisiones por obtener el premio y haciendo lo que le dicen.
Para protegernos del chantaje emocional en familia y para no ejercerlo con los nuestros, lo primero que tenemos que hacer es reconocerlo, marcar límites claros y con cariño, perder el miedo a decir no, tener mucha comunicación entre todos, anteponer el bien común al bien personal, respetar y hacer respetar la libertad de cada uno, siempre protegiendo su integridad y sobre todo queriendo mucho a todos.
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