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PERSPECTIVA | GRUPO VOCES | EDUCAR PARA PENSAR

En el marco de la conmemoración del día de la UNESCO (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura), vale la pena reflexionar sobre una de las tareas fundamentales de la educación

Por Ana Patricia Martín Zúñiga

En el marco de la conmemoración del día de la UNESCO (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura), vale la pena reflexionar sobre una de las tareas fundamentales de la educación: formar personas capaces de pensar por sí mismas.

En un mundo donde la información está al alcance de un clic, el aprendizaje no puede reducirse a recordar datos, repetir conceptos o aprobar exámenes. La escuela debe ofrecer algo más: formar estudiantes con pensamiento crítico, capaces de distinguir hechos de opiniones, identificar información confiable, analizar distintos puntos de vista y construir argumentos propios. Estas habilidades son indispensables para comprender la realidad, tomar decisiones informadas y participar de manera activa y responsable en la sociedad.

Los resultados educativos muestran que México enfrenta importantes desafíos en el desarrollo de las habilidades necesarias para comprender, analizar y utilizar el conocimiento. De acuerdo con la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), los resultados de PISA 2025, evaluación internacional que mide las competencias de estudiantes de 15 años, muestran que sólo 50% de los jóvenes mexicanos alcanzó al menos el nivel básico de desempeño en lectura, frente a 69% del promedio de los países de la organización. En ciencias, la proporción fue de 50%, frente a 74% del promedio de la OCDE.

Estas brechas son relevantes porque comprender textos, interpretar evidencias y evaluar explicaciones son habilidades esenciales para desarrollar el pensamiento crítico. Esto exige que los estudiantes vayan más allá de memorizar y reproducir información: deben ser capaces de analizar, cuestionar, contrastar distintas perspectivas y construir argumentos propios.

El desafío consiste en que las y  los estudiantes no solo sepan responder qué ocurrió o cuál es la respuesta correcta, sino que también puedan explicar por qué, identificar las evidencias que respaldan una afirmación y considerar otras posibles soluciones.

En este proceso, las y los docentes ocupan un lugar central. Ninguna transformación educativa puede sostenerse sin reconocer su papel en la formación de las nuevas generaciones. Son quienes pueden convertir el aula en un espacio donde preguntar no sea motivo de sanción, equivocarse forme parte del aprendizaje y expresar una opinión implique también aprender a justificar y escuchar otras perspectivas.

Para ello es necesario ofrecerles herramientas pedagógicas, acompañamiento y oportunidades de formación continua que les permitan diseñar experiencias de aprendizaje orientadas a la reflexión, el diálogo, la investigación y la resolución de problemas. La manera en que se enseña importa tanto como los contenidos que se enseñan.

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Esto no significa restar importancia a la memoria ni a los conocimientos básicos. Por el contrario, el pensamiento crítico necesita información y conocimientos sólidos, la diferencia está en que estos se conviertan en herramientas para comprender y actuar, en lugar de permanecer como datos aislados.

El impacto de esta formación trasciende las aulas. Una persona que analiza la información antes de compartirla está mejor preparada para enfrentar la desinformación. Quien aprende a argumentar y escuchar puede participar de manera constructiva en su comunidad.

Asimismo, el pensamiento crítico es fundamental para el ejercicio de una ciudadanía informada: permite evaluar propuestas, contrastar las opciones políticas, emitir un voto razonado y exigir a las autoridades que rindan cuentas y cumplan con sus responsabilidades.

Quien desarrolla la capacidad de identificar problemas, evaluar alternativas y proponer soluciones cuenta con mejores herramientas para contribuir al desarrollo económico y social. De esta manera, fortalecer el pensamiento crítico no solo beneficia a cada estudiante, sino que contribuye a construir una sociedad más participativa, informada y capaz de involucrarse en los asuntos públicos.

La UNESCO ha destacado el valor del pensamiento reflexivo y del diálogo razonado para construir sociedades más tolerantes y respetuosas. Esta visión recuerda que educar no consiste únicamente en preparar a los jóvenes para incorporarse al mercado laboral, sino también en brindarles las capacidades necesarias para ejercer una ciudadanía informada, responsable y participativa.

El pensamiento crítico debe ocupar un lugar en las prácticas de enseñanza y en la formación docente. Impulsarlo exige reconocer que el aprendizaje implica crear las condiciones para que cada estudiante pueda comprender, cuestionar, argumentar y construir conocimiento.

La calidad de un sistema educativo no se mide únicamente por cuánto recuerdan sus estudiantes, sino también por lo que son capaces de hacer con lo que aprenden. Educar para pensar es preparar a las nuevas generaciones no sólo para comprender el mundo que reciben, sino para participar responsablemente en la construcción del mundo que compartirán.

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