Tania Ovalle Opinión de Tania Ovalle

PERSPECTIVA: GRUPO VOCES | HEMOS GUARDADO SILENCIO FRENTE AL DOLOR

Pensé en las madres buscadoras que caminan todos los días en busca de sus hijas e hijos.

PERSPECTIVA: GRUPO VOCES | HEMOS GUARDADO SILENCIO FRENTE AL DOLOR

Por Tania Ovalle López

(Coordinadora de Comunicación Grupo Voces)

FB: tania.ovallelopez

IG: @tania.ovallel

X: @TANIAOVALLE612

Hace un par de semanas leí una publicación que invitaba a reflexionar sobre una pregunta aparentemente sencilla: ¿qué le preguntarías a tu país? La pregunta dirigida a México decía: “¿En qué momento aprendiste a llorar en silencio para seguir funcionando?”

Pensé en ella durante días.

Pensé en las madres buscadoras que caminan todos los días en busca de sus hijas e hijos. En comunidades enteras desplazadas que han aprendido a convivir con la violencia como si fuera parte inevitable del paisaje. Y pensé, sobre todo, en las niñas, niños y adolescentes que también han aprendido a guardar silencio.

Porque hay silencios que duelen.

Hay silencios que nacen del miedo.

Y hay silencios que se convierten en el refugio obligado de quienes no encuentran un adulto dispuesto a escuchar.

La violencia y la explotación sexual infantil son dos de las expresiones más dolorosas de esos silencios. Ocurren más cerca de lo que nos gustaría admitir. No habitan en escenarios lejanos ni en historias ajenas. La mayoría de las veces están en espacios cotidianos, dentro de círculos de confianza, en lugares donde una niña o un niño debería sentirse seguro.

Recientemente, diversas organizaciones de la sociedad civil advirtieron que cuatro de cada diez niños y seis de cada diez niñas podrían sufrir algún tipo de violencia sexual antes de cumplir los 18 años. Además, se estima que 7 de cada 10 agresores son familiares o personas conocidas por las víctimas (Early Institute / UNICEF / UNODC).

Viviendas bienestar guadalupe

Detrás de cada estadística hay un rostro. Una infancia interrumpida y una historia que, en muchos casos, jamás fue escuchada. Por eso resulta tan importante que, en contextos de alta movilidad y exposición mediática como los recién inaugurados juegos de futbol, más de veinte organizaciones de la sociedad civil, fundaciones, empresas e instituciones hayan decidido impulsar la campaña “Infórmate, Empatiza y Protege”. La iniciativa llama la atención para asumir que la protección de la infancia es una responsabilidad compartida que requiere la participación de toda la sociedad.

Sin embargo, esta conversación no es temporal, ni se limita a una campaña. La verdadera pregunta es qué estamos haciendo cada día para proteger a nuestras niñas, niños y adolescentes.

¿Sabemos identificar señales de alerta?

¿Escuchamos cuando intentan decirnos que algo no está bien?

¿Les enseñamos que su cuerpo les pertenece?

¿Sabemos cómo actuar cuando detectamos una situación de riesgo?

La protección de la infancia no puede recaer exclusivamente en las familias, ni en las escuelas, ni solo en las autoridades. Es una responsabilidad compartida. Nos involucra a todos y a todas: madres, padres, docentes, vecinos y vecinas, medios de comunicación, empresas, organizaciones civiles y gobiernos.

Romper el silencio significa dejar de ver estas historias como casos aislados. Significa comprender que ninguna niña o niño debería cargar solo con el peso de una agresión. Significa reconocer que detrás de cada revelación hay un enorme acto de valentía.

Y proteger implica actuar.

El silencio nunca ha protegido a una víctima. Lo que protege es la información. Lo que protege es la escucha. Lo que protege es una comunidad capaz de intervenir antes de que sea demasiado tarde.

Tal vez la pregunta que leí hace unas semanas aplica para todos y todas como sociedad.

¿En qué momento aprendimos a guardar silencio frente al dolor de nuestra infancia?

¿En qué momento vamos a decidir dejar de hacerlo?

Mientras exista una niña, un niño o un adolescente que tenga miedo de hablar, nuestra tarea seguirá pendiente.

Comparte esta nota:

Noticias Relacionadas